El 26 de noviembre de 1932, con la llegada por primera vez a México de Paul Strand, comenzaron a entretejerse múltiples historias que enriquecieron tanto el arte mexicano como la obra del fotógrafo y cineasta neoyorkino. Una de tantas es la larga relación profesional y amistosa que sostuvo con su colega mexicano Manuel Álvarez Bravo. Cruces de miradas e historias de vida que tienen su episodio más reciente en la adquisición, por parte de Fundación Televisa, de la serie de fotografías mexicanas de Strand y en sus derivaciones: la exposición El murmullo de los rostros. Paul Strand en Mexico, el libro Paul Strand en México y la aplicación homónima para plataforma iPad.
Paul Strand Amstein (1890-1976), uno de los artistas más notables en la historia de la fotografía, visitó México por primera vez de noviembre de 1932 a enero de 1935. Durante este periodo montó una exposición en la Sala de Arte de la Secretaría de Educación Pública, fue profesor de dibujo en escuelas primarias, realizó alrededor de 150 fotografías y concibió, coordinó y se responsabilizó de la cinefotografía de la película Redes. Un lustro después de su partida editó un portafolio con 20 fotograbados impresos a mano al que tituló Photographs of Mexico.
En un texto que introduce la serie de fotografías de Álvarez Bravo publicadas en el número 13:4 de la revista Aperture (1968), Strand recordó: “Cuando viajé a México en 1932 conocí y me hice amigo de Manuel Álvarez Bravo, que por aquel entonces era apenas un joven que comenzaba su carrera como fotógrafo”. Es probable que ese primer contacto se haya suscitado en el entorno de la Sala de Arte de la SEP, en donde el artista mexicano dispuso, en noviembre de 1933, el contenido de la exposición Fotografía retrospectiva siglo XIX, casi diez meses después de la exposición de Strand.
Sin embargo los cruces, reflejos y empalmes de la vida y obra de ambos fotógrafos tienen curiosos antecedentes. Strand viajó a México por una invitación que el músico y director de orquesta, Carlos Chávez, le hizo cuando ambos se encontraron en el pueblo de Taos, Nuevo México, como huéspedes de un refugio de artistas auspiciado por Mabel Dodge y su esposo, Tony Luján. En ese periodo Álvarez Bravo expuso su obra en la Galería Posada de la ciudad de México, donde incluyó un retrato de la misma mecenas de Taos. Durante los primeros años de 1930 realizaron imágenes de una proximidad sorprendente, como la pose casi idéntica en que los dos retrataron a Carlos Chávez o las composiciones que realizaron a partir de detalles arquitectónicos, Strand fotografiando un contrafuerte de la iglesia de Ranchos de Taos y Álvarez Bravo una construcción en la cementera La Tolteca, a la que tituló Tríptico cemento 2.
Ya en territorio mexicano, y probablemente después de conocerse, también coincidieron sus tentativas de hacer cine en 1934. Strand, apoyado por Carlos Chávez, entonces director del Departamento de Bellas Artes, filmó la película Redes en Alvarado, Veracruz —proyecto que no le fue permitido terminar—. Al mismo tiempo Álvarez Bravo viajó a Tehuantepec con una cámara Aimo que había comprado a Eduard Tisse, camarógrafo de Sergei Eisenstein, y con una lata de 1,000 pies de material que le había regalado el propio Chávez. Fue durante el viaje de esa filmación cuando captó su impactante fotografía Obrero en huelga asesinado, la cual, como apunta Alfonso Morales, tiene su eco fílmico en la historia de Miro, el protagonista de Redes, quien organiza a sus compañeros para defenderse del acaparador y es asesinado.
La amistad y mutua admiración entre los dos fotógrafos creció con el tiempo tras la partida de Strand de México, en enero de 1935. Años después su trabajo los llevó a convivir nuevamente en los muros del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) durante la exposición Diógenes con cámara III, proyecto que en 1956 reunió el trabajo de cuatro fotógrafos de reconocida trayectoria, partidarios del registro realista y el retrato social: August Sander, Walker Evans, Paul Strand y Manuel Álvarez Bravo.
En 1966 Strand regresó a México a la edad de 76 años. Las fotografías producidas en este periodo, alrededor de 86, muestran una mirada distante a un México diferente al que conoció treinta años atrás; aún así, el viaje le sirvió como motivación para reimprimir su carpeta bajo el título The Mexican Portfolio, con un prólogo del muralista David Alfaro Siqueiros. Este regreso significó el reencuentro con Álvarez Bravo y el descubrimiento de su obra más reciente en la Galería de Arte Mexicano, la cual lo dejó gratamente sorprendido; por ello recomendó la adquisición de esta obra al departamento de fotografía del MoMA, lo que resultó muy benéfico para el fotógrafo mexicano.
Cartas, fotos, libros, afectos y halagos fueron y vinieron mientras su trabajo seguía acumulando coincidencias compositivas —entre el Retablo de Atlatlaucan de Manuel y La familia de Luzzara de Paul, por ejemplo— y temáticas —las conmovedoras series que sobre sus jardines realizaron ambos al final de sus vidas—. A la muerte de Strand, en 1976, su esposa Hazel y algunos amigos, entre ellos Michael Hoffman, crearon la Fundación Paul Strand para preservar su legado. En 1983, gracias a Hoffman, el acervo se integró a Fundación Aperture, organización creada 30 años atrás por los fotógrafos Ansel Adams, Dorothea Lange, Barbara Morgan y Minor White, entre otros.
La admiración de Álvarez Bravo por el trabajo de su amigo se hizo patente cuando en 1980, Emilio Azcárraga Milmo, dueño de la empresa Televisa, y el coleccionista y productor de cine Jacques Gelman lo comisionaron a conformar una colección fotográfica que daría origen al Museo de la Fotografía. Gran conocedor de historia y procesos fotográficos, reunió con empeño y gran tino piezas fundamentales de los autores más destacados, entre ellos Strand, de quien compró ese mismo año dos fotograbados de su obra temprana en Nueva York: Sidewalks y Man, Five Points Square, ambos publicados en la revista Camera Work.
La presencia de Paul Strand en lo que hoy son las Colecciones Fotográficas de Fundación Televisa se acrecentó ocho meses después, cuando en una subasta de la casa Sotheby’s Álvarez Bravo adquirió ocho de los veinte fotograbados del portafolio Photographs of Mexico, serie que permaneció fragmentada hasta 1986 cuando ingresó a las Colecciones un portafolio completo. Finalmente, en 1993, Álvarez Bravo donó a través del Centro Cultural Arte Contemporáneo, recinto inaugurado ese mismo año por Fundación Cultural Televisa, 238 obras de su propiedad, entre ellas 20 grabados de Paul Strand de la serie Ghana. An African Portrait, de 1976.
Ocho años después de la muerte de Álvarez Bravo y envuelto en los festejos del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución en México, Fundación Televisa adquirió de Fundación Aperture una colección completa de las fotografías que Paul Strand seleccionó de sus dos viajes a México, así como el retrato tomado a Carlos Chávez en Taos y una serie de 85 fotos fijas que Ned Scott realizó en las locaciones de la película Redes. Este tercer viaje de Strand a México, aunque simbólico, es de gran importancia para las Colecciones Fotográficas de Fundación Televisa ya que con ello se da continuidad al legado de Manuel Álvarez Bravo y se enriquece el patrimonio fotográfico nacional con una obra de alto valor histórico y cultural.



